Fui ansiosa a ver
"Antes de la medianoche". Me acordaba muy bien de las otras dos, y
también de las situaciones en las que las había visto.
La primera,
hace 18 años, entrando en los 20, enamorada, facultad de sociales, con
novio compañero de la carrera y con sueños hippies de viajes por el
mundo y encuentros locos. Por supuesto, salimos diciendo "viva el amor" y
con la sensación arrolladora de toda la vida por delante.
La segunda, casi 10 años después, la ví recién separada de ese mismo
novio, ya profesional, pensando qué rumbo tomar y cómo había llegado
hasta ese lugar.
Me acuerdo del sabor amargo que me dejó la idea de dos vidas que hacen caminos paralelos y del "fue lindo mientras duró".
Ahora, otros 9 años después, volví a ver qué había sido de
esta pareja. No había leído antes ninguna crítica, así que no sabía de qué iba. Ellos
dos, juntos, con hijas mellizas de 7 años y un hijo de él, de 13, de su anterior
matrimonio. O sea, pareja establecida, ensamblada, con hijos de él e
hijas en común. Es decir, una situación muy similar a la que atravesamos
nosotros dos, los que mirábamos desde las butacas.
Por supuesto que me pegaron escenas como la de Celine sacada
haciendo reclamos de mujer, madre, trabajadora e incomprendida, o la de
ellos dos caminando y charlando de la nada misma y pensando cuánto
tiempo hacía que no hablaban de algo que no fuera horarios,
obligaciones, hijos y escuelas.
Sin embargo y pensando un poco en este blog, creo que hubo algo acerca del ensamble que caló profundo. En realidad son aquellas cuestiones que tantas veces nos preguntamos las ensambladas con separados con hijos de relación anterior y que cada tanto vuelven a escena:
¿Se puede no sentir culpa cuando algunos aspectos de nuestra vida familiar no incluyen necesariamente a los hijos anteriores?
¿Es posible que ante las angustias y preocupaciones del padre por sus hijos anteriores o por cualquier cuestión relacionada con ellos, las mujeres no tengamos esa sensación rara de que algo tendremos que ver en eso?
¿Y hay algún modo de que decir todo esto no implique que los demás
crean que esos hijos no nos importan o no son amados profundamente como
parte de nuestra familia?
Probablemente un poquito de todo eso perdure por siempre. Otra
parte se puede ir puliendo y suavizando
con las experiencias que atravesemos. Y también, por supuesto, dependerá
del vínculo que los padres de esos chicos tengan entre sí, del vínculo
que nosotras, las mujeres ensambladas podamos ir construyendo con esos
chicos, con el saber estar, pero saber retirarse a tiempo, con la
relación que estimulemos entre los nuevos hijos, los "en común", con sus
hermanos y con la vida misma: lo económico, los tiempos, los días, las
formas de crianza, etc.
Es posible que una y otra vez, antes diferentes situaciones
reflote la culpa, la duda, los porqué. Pero es probable, también, que algo parecido ocurra
en las famlias no ensambladas, las "tradicionales", en las que las
madres y padres se cuestionen muchas veces las decisiones en relación con sus hijos, los vínculos entre ellos, lo económico, los tiempos, las formas de crianza y todo lo demás.
Como dice Jesse casi al final de la película la vida que tenemos no es perfecta, pero es la vida real. Tal vez, ya seamos tradicionales o ensamblados, solo se trate de eso. De atravesar, como podamos, la vida real.