sábado, 2 de noviembre de 2013

De segundas vueltas, paternidades y hermanos. O cuando los padres vuelven a ser padres


Terminé de leer el "mundos íntimos" de Clarín goo.gl/VUYD29, y enseguida pensé, obviamente, en mi propia historia de familia ensamblada.
Pensé que muchas veces a las mujeres de la "segunda vuelta" nos cuesta un poco ponernos en la piel del otro, entender que todo eso que llega para nosotras con el primer hijo o incluso con el segundo, es nuevo, es prioridad, es único. Y nos parece imposible que el padre no lo viva de la misma manera.
Entendemos racionalmente que ese padre ya vivió la experiencia de la paternidad, ya vio ecografías, ya sintió emociones, desplantes y alegrías y lo podemos comprender en el plano de la lógica. Pero, seguramente, en muchas circunstancias nos resulta odiosa esa sensación de "esto ya lo vivió".

Mientras leía la nota de Martín pensaba en esa otra mirada. La de ellos. La de unos padres que, sea por una decisión concreta, por azar, porque la vida los lleva, por un deseo profundo o por lo que fuera, arrancan con la segunda vuelta. Y vuelven a ser padres.
Pero unos padres que necesariamente son diferentes. Porque, creo yo -al menos cuando la paternidad se da en el marco de una pareja-, uno es madre o padre también en relación al otro de ese par.
Quiero decir, uno es madre/padre de sus hijos. Está claro. Pero el modo de ser madre o padre también se construye con el otro. Seguramente yo sería una madre diferente si el padre de mis hijos no fuera el que es. Y, claro, el papá de mis hijos es un padre diferente que el que fue y es con sus hijos anteriores.

Es casi una verdad de perogrullo que los padres y madres son distintos con cada hijo. Por una cuestión de edad, de experiencia, de momento de la vida, etc. Pero lo que quiero decir es que en las primeras, segundas y hasta terceras vueltas de nuestras cada vez más habituales familias ensambladas, hay una construcción permanente de la mater-paternidad que tiene que ver con el par madre-padre, más allá de los cambios personales y de vida.

Y también que en esas primeras, segundas y hasta terceras vueltas de paternidad, aparece necesariamente, para bien o para mal, la cuestión de las comparaciones.
El sentido común diría, en respuesta a eso, que no se es mejor o peor padre, que se es un padre distinto. No lo sé. Y dependerá de cada una de las historias. Habrá mejores y habrá peores. Y habrá aquellos que ni siquiera se lo planteen.

Pero hay algo de lo que dice este padre cincuentón en segunda vuelta que me generó una profunda identificación y que tiene que ver con la forma en que estos ensambles construyen también "nuevas fraternidades".
Dice Martín: "Me ilusiono con ver cómo Juan y Lu preguntan por sus hermanos cada vez con mayor frecuencia. Y me hace feliz cuando mis hijos llegan a casa y los mellizos, como a quién se le aparece un prodigio, se quedan absortos mirándolos. Mis hijos adultos empiezan a tener un vínculo con ellos. Es una relación incipiente, de a poco los alzan, juegan, hablan. A veces me pregunto cómo serán todos ellos en diez, veinte o treinta años".

Y es ahí donde encuentro una clave. Cuando los hermanos se ríen, se esperan, se abrazan o se pelean. Cuando cada mañana antes de ir al jardín Vicente pregunta "¿hoy vienen los hermanos?". Cuando entre los tres, aún con edades bastante diferentes, hablan de dónde va a dormir o dónde va a comer Salvador, el cuarto que está llegando. O cuando el grandote, ya adolescente, el del medio y el más chico se juntan a lo bruto, bien de varones, al grito de "abrazo de hermanos". Es ahí, digo, cuando las vueltas, sean primeras, segundas o la cantidad que sean, se juntan en una sola.

sábado, 19 de octubre de 2013

Poner la palabra. Los chicos y la muerte

En el post anterior contaba algo de lo que me pasaba a mí, como adulta, como madre, frente a la muerte de una compañerita de Vicente de 3 años. El dolor, la tristeza pero sobre todo la angustia de lo impredecible, de la inseguridad, de la perspectiva irrumpida. Días después se hizo más fuerte la cuestión de qué y cómo contarles a los chicos que su compañerita, a la que esperaban para "cuando hiciera calorcito" y a la que le habían hecho 10 días atrás un mural con fotos y sus manos estampadas, había muerto. Además de la pregunta personal y/o familiar acerca de cómo enfrentar el tema, se sumaba un problema. Esta no es una muerte "privada" que sucedió en el interior de la familia sino que es algo que trasciende nuestras maneras de mirar la vida y la muerte. ¿Qué piensan o qué van a decir otros papás? ¿Qué va a decir el jardín?
Tuve claro de entrada que algo había que decir. Los chicos tenían muy presente a Estrella, sabían que estaba enferma, la esperaban. Era necesario de algún modo que puedan cerrar esta historia. Pero ¿cómo? ¿es necesario enfrentarlos tan chiquitos a la muerte de un par? ¿tenemos derechos a provocarles esa angustia?
También estaba claro que, nosotros al menos, no íbamos a mentir.

Pasados los días empezaron a circular un par de comentarios de "puerta" que me inquietaban. "Yo no le voy a decir, a lo mejor le digo que se fue a otro jardín".
¡Alerta!
Por supuesto había conversado con algunas madres y padres afines, ya había expresado mi preocupación o al menos mi intención de saber la postura del jardín, y como buena psicoanalizada, ya había hecho llamado de auxilio a mi analista.
Por suerte, desde el jardín se convocó a una reunión.
Es muy impresionante cuando uno se detiene un segundo a escuchar, a escucharnos. El miedo a la muerte, el nuestro, imperaba en esa charla. Las dificultades, los miedos que aparecían entre padres y madres asustaban. Por momentos pensaba "qué poca confianza en sus propios hijos" y por otros me daba cuenta de que todos, aún con opiniones diferentes, estábamos enfrentándonos con nuestras propias angustias, con nuestros propios miedos y con el profundo deseo de no tener que decir nunca a nuestros hijos que el dolor existe, que todos no vamos a morir, que la vida es también eso.
Ante la impotencia de la muerte nos morimos de miedo y el miedo nos hace hacer y decir cosas absurdas. Ayer mismo, por ejemplo, cuando una mamá de otra sala, enterada de la situación, mandó un mail avisando que cambiaban el texto del cuento de Blancanieves para la obra que haríamos ese día, sacando toda referencia a palabra muerte, morir, matar, ataúd.
Confieso que me violenté un poco y contesté, sutilmente, pero contesté. ¿Es posible que desvaloricemos tanto a los chicos? ¿Realmente creemos que algún chico sufrirá más o menos el dolor o la angustia de la muerte porque el cuento que escuchó 800 veces, esta vez no dice la palabra morir?

Finalmente, entre los padres de la sala logramos un acuerdo: No mentiras. Hay que cerrar la historia. Para que no les sea tan brusco, lo primero será contarles que Estrella no va a volver.  Y sobre todo escucharlos, abrir la cabeza a sus preguntas o a sus no preguntas. Y responderlas con la verdad.
Casualmente, esta mañana leía un texto de Mercedes Minnincelli sobre infancia y subjetividad: "Cada niño se crea una explicación del mundo y de lo que acontece. Cada niño inventa una y otra vez cuando explora el mundo circundante, sus propias explicaciones respecto del porqué de las cosas y, nos pone a prueba en las respuestas que les damos hasta llevarnos a ese punto de no saber cómo responder. De eso se trata, De llevar al adulto a ese punto de misterio, de confrontación con lo que no tiene respuesta cierta y única por más avance que el conocimiento científico pueda aportar a nuestra época. (...) Pareciera que, los mayores no estuviesen dispuestos a hallar ese momento de incertidumbre en el cual las nuevas generaciones en general y cada niño en particular los implican."

Minnincelli habla también de la necesidad de esas ceremonias mínimas que instauran a través del lenguaje, de los mitos, de las leyendas, de los cuentos un lugar significativo para que los chicos encuentren "aliados imaginarios" para erradicar a los monstruos que los acechan.

Poner la palabra, poner historias, poner la verdad.

Les dejo un bello cuento de Laura Devetach, Monigote en la arena, que se acerca de una manera bella, poética y llena de palabra a la crueldad de la muerte.

Monigote en la arena (Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1984. Colección Libros del Malabarista).

La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo:
—Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo —y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue.
Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó como cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados. Vio las mariposas azules que cerraban las alas y se ponían a dormir sobre los caracoles.
—Hola —dijo monigote, y su voz sonó como una castañuela de arena.
El agua lo oyó y se puso a mirarlo encantada.
—Glubi glubi, monigote en la arena es cosa que dura poco —dijo preocupada y dio dos pasos hacia atrás para no mojarlo—. ¡Qué monigote más lindo, tenemos que cuidarte!
—¿Qué? ¿Es que puede pasarme algo malo? —preguntó monigote tirándose de los botones como hacía cuando se ponía nervioso.
—Glubi glubi, monigote en la arena es cosa que dura poco —repitió el agua, y se fue a a avisar a las nubes que había un nuevo amigo pero que se podía borrar.
—Flu flu —cantaron las nubes—, monigote en la arena es cosa que dura poco. Vamos a preguntar a las hojas voladoras cómo podemos cuidarlo.
Monigote seguía tirándose los botones y estaba tan preocupado que ni siquiera probó los caramelitos de flor de durazno que le ofrecieron las hormigas.
—Crucri crucri —cantaron las hojas voladoras—. Monigote en la arena es cosa que dura poco. ¿Qué podemos hacer para que no se borre?
El agua tendió lejos su cama de burbujas para no mojarlo. Las nubes se fueron hasta la esquina para no rozarlo. Las hojas no hicieron ronda. La lluvia no llovió. Las hormigas hicieron otros caminos.
Monigote se sintió solo solo solo.
—No puede ser —decía con su vocecita de castañuela de arena—, todos me quieren pero porque me quieren se van. Así no me gusta.
Hizo "cla cla cla" para llamar a las hojas voladoras.
—No quiero estar solo —les dijo—, no puedo vivir lejos de los demás, con tanto miedo. Soy un monigote de arena. Juguemos, y si me borro, por lo menos me borraré jugando.
—Crucri crucri —dijeron las hojas voladoras sin saber qué hacer.
Pero en eso llegó el viento y armó un remolino.
—¿Un monigote de arena? —silbó con alegría—. Monigote en la arena es cosa que dura poco. Tenemos que hacerlo jugar.
"Cla cla cla", hizo monigote porque el remolino era como una calesita.
Las hojas voladoras se colgaron del viento para dar vueltas.
El agua se acercó tocando su piano de burbujas.
Las nubes bajaron un poquito, enhebradas en rayos de sol.
Monigote jugó y jugó en medio de la ronda dorada, y rió hasta el cielo con su voz de castañuela.
Y mientras se borraba siguió riendo, hasta que toda la arena fue una risa que juega a cambiar de colores cuando la sopla el viento.

viernes, 11 de octubre de 2013

Sobre la incertidumbre, la muerte y la maternidad.

La muerte es una mierda. Y cuando la muerte le toca a una nena de tres es más mierda todavía. Y cuando, además, esa nena de tres compartió hasta hace poco la sala de jardín o el acto del 25 de mayo con tu hijo, la muerte se te para adelante de un modo mucho más aterrador, mucho más impredecible, mucho más amenazante. No es que uno no sepa que la gente se muere, que los chicos se mueren todos los días. Claro que lo sabemos. E incluso, muchas veces,  mueren de maneras más espantosas, -si es que hay un modos más o menos espantoso de morir-, por causas evitables, de modos violentos. Sí, lo sabemos.
Pero claro, cuando la muerte es para esa nena de la sala azul a la que le preparaste una bolsita el día del cumple de tu hijo, esa muerte se te acerca y te da más miedo, más tristeza, más dolor.
No hay explicaciones posibles, no hay respuestas.

En momento como estos, uno solo quisiera que todo fuera certeza pura, que no haya incertidumbres, tener la seguridad de que tus hijos nunca se van a enfermar gravemente, nunca van a sufrir, nunca se van a morir. Pero no. No hay certezas, no hay seguridades. 


La única certidumbre es el presente. Es el hoy. Una de las cosas que aprendí con la maternidad es la permanencia de la incertidumbre. Nunca sabes bien cuántas horas vas a dormir, si el plan del fin de semana se mantendrá en pie o será suspendido por una gripe, si el chico se va a romper un brazo jugando a la pelota o.si vas a tener que suspender las vacaciones en febrero para preparar materias previas. Aún habiendo aprendido ya la presencia de la incertidumbre, nunca uno podrá, imagino, estar prevenido para la muerte de un hijo. 
En fin, tal vez lo más inquietante de la maternidad sea un poco eso. El final para siempre de toda previsibilidad, de toda certeza, de toda seguridad.

jueves, 19 de septiembre de 2013

A, mí fotos en bolas, no

En los útimos tiempos han proliferado campañas, trabajos documentales, muestras fotográficas que intentan revalorizar la mirada sobre el cuerpo femenino, más allá de los cánones de belleza establecidos:
4th Trimester Bodies Project, de Ashlee Wells Jackson.4th Trimester Bodies Project, de Ashlee Wells Jackson.4th Trimester Bodies Project, de Ashlee Wells Jackson.4th Trimester Bodies Project, de Ashlee Wells Jackson.
Me generan una sensación dicotómica. Está claro que la mayor parte de las mujeres no quedamos, después de un hijo, como Nati Oreiro o Luisana Lopilato. Y está bien que eso no nos enloquezca y no creamos que es el fin de nuestras vidas como mujeres. Ok.
Ahora, ¿tiene algo de malo querer perder el peso que una sumó en el embarazo, recuperar algo de la cintura de antaño o que las tetas no nos queden como pasas de uva? ¿nos ubica ese deseo, o al menos esa intención, en un lugar de madres menos amorosas o menos abnegadas por nuestros niños? Y más aún, la proliferación de books, campañas, fotitos que además están producidas estética y artísticamente, ¿no termina siendo una estetización del cuerpo post-parto tan sesgada como las otras estetizaciones y representaciones de belleza femenina?

¿No podemos pensar que tal vez la "belleza de la maternidad" no está como plantea el copete de esta nota: http://www.entremujeres.com/entretenimientos/arte-y-cultura/4th_Trimester_Bodies_Project-Ashlee_Wells_Jackson-embarazo-cuerpo-real-arte-cultura-fotografia_0_995300568.html, necesariamente en el cuerpo y puede estar en otro lado?


Yo, por las dudas aviso: a mí, fotos post parto bolas, no.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Un nombre "es lo más valioso que uno puede tener"

Se confirmó el sexo y la rueda de los nombres empezó a girar. No es que hasta ese momento no tuviéramos ninguno dando vueltas, pero en general, uno espera a tener algunas certezas. Nunca fui de las que tienen un nombre pensado desde los 15 para cuando tengan un hijo a los 40.  Por otro lado la combinación entre un débil diagnóstico y la fuerte expectativa de niña, había orientado la ruleta para el lado de los nombres de mujer.
Por eso, desde que la ecografía siguiente canceló toda ilusión de romper la racha, cambiamos el foco y volvimos a las listas de nombre de varón.
Pasan los días y los sobrenombres del estilo bebu, porot, el nuevo, el próximo y cosas por el estilo empiezan a resultar incómodos, pero la realidad es que el nombre no llega.
Yo digo que es como buscar una casa, uno mira y mira durante meses departamentos grandes chicos, con balcón, sin balcón, casa con terraza  o jardín, cerca de la avenida o lejos de todo. Y hace listas mentales de ventajas y desventajas, hasta que finalmente la casa llega y no importa tanto si es cerca o lejos, si tiene jardín o balcón. Algo te enamora y las desventajas se desvanecen.
Con los nombres pasa algo parecido. Todos los de la lista nos gustan. Pero uno es largo, otro es corto, uno no queda bien con el apellido, del otro no nos gustan los apodos, uno nos hace acordar a tal o cual y se descarta de inmediato.
Opinan los abuelos, los tíos, los primos, los hermanos, los compañeros de trabajo y los amigos. La opinión, por supuesto, no implica únicamente el aporte solidario de ideas, sino básicamente la defenestración con todo tipo de argumentos, de cualquiera de nuestras posibilidades.

Así que acá seguimos, revisando listas de caudillos y próceres, santorales de las fechas aproximadas, listas de compañeros de todos los hermanos y primos, nombres de hijos de compañeros de trabajo, vecinitos y amigos de amigos.

Ahora vamos a ser una última prueba. Decirlos en voz alta, enteros, con apellido y con posibles apodos. Y si no sale nada, la próxima lanzamos una encuesta pública de la que seguramente no va a salir el nombre final, pero por ahí nos hacemos de una larga cantidad de nuevas posibilidades para seguir probando, aceptando, rechazando y haciendo girar la rueda, hasta que finalmente, como la casa, el nombre caiga.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El segundo y la revolución aburguesada

El primer hijo es una revolución. Está claro. Y el segundo es una segunda revolución, pero por decirlo de alguna manera, es una revolución aburguesada.

Estamos felices y contentos pero más apaciguados, menos ansiosos y menos monotemáticos.

De repente, con 17 semanas y sexo confirmado, me di cuenta de la cantidad de cosas que no hacemos en el segundo embarazo:
- No sacamos tantas fotos de la panza. A esta altura del embarazo anterior ya tenía un promedio de 50 fotos. Sola, con el padre, con la flia, con amigos. Ahora, ninguna.

- No hacemos "todas las cosas del embarazo" juntos. Obstetra, análisis, etc. 

- No grabamos las ecografías. Ya me olvidé dos veces de llevar DVD. Y en la próxima ya no se va a ver nada...

- No leemos libros, libritos, sitios, revistas, etc. O por lo menos no tenemos la bibliografía en la mesa de luz.

- No compramos ropa de embarazada. Tiramos lo más que podemos con lo que hay. Al menos hasta que no quede otra.

- No esperamos deseperadamente el tercer mes para empezar a comprar cosas, cositas, ropitas, etc para la criatura. Todavía no compré nada.
¿qué otras cosas no hicieron con el segundo embarazo?

viernes, 30 de agosto de 2013

Las mujeres que detesto. Por Lorena Bianchi



Mujeres hay muchas, madres también.  Con algunas nos llevamos bien, compartimos cosas, nos reímos juntas. Pero hay otras de esas a las que preferimos lejos.
Acá va, entonces, lo que empezó por un decálogo y va casi por 50logo de “Las mujeres que detesto”. La lista la inició mi prima, Lorena Bianchi, en facebook, y se sumaron aportes varios. A ver si encuentran a la que ustedes detestan:


1- Las que ante cualquier tema que uno trate (alcoholismo, desastres císmicos, depilación, qué tipo de dulce de leche comprás, ortodoncia, viajes internacionales, etc.) dice: "mi marido dice que" y dan la opinión del marido que no toma alcohol, no es experto en siniestros, nunca se depiló, etc.
2- Las que te cuentan una "calamidad" (ej: mi hijo no llevó la carpeta de plástica a la escuela y la maestra mandó una nota para notificarme) y a continuación agregan "no le dije nada al padre para que no se ponga loco y se la agarre con la maestra de plástica". En éste tipo hay un sub grupo: las que se pelean con los nenes con que se peleó su hijo, toman partido, se pelean con la madre, el padre y la abuela, mandan una nota a la institución, y los chicos tienen planes para invitarse mutuamente a las casas..
3- Las que asumen responsabilidades de otro o de sus hijos y luego se quejan como víctimas: "el regalo del día del maestro lo compro yo" (terminante) y luego: "si no fuera por mí", "en el poco tiempo que tengo" y "nadie me ayuda/comprende/apoya".
4- Las madres que hablan de lo excelente que son sus hijos (hacen la tarea solos, se organizan solos, deciden estudiar antes de ir a un cumpleaños/ partido de fútbol, a las 14 hs terminaron toda la tarea, estudiaron y con el codo hicieron la lámina para la semana entrante)
5- Definitivamente detesto con odio ancestral y envidia, a las flacas saracas que se quejan por 2 kg de más! No podés...no me hagas eso a mí, que debo bajar como 30 y tengo la voluntad de una babosa para subir una montaña.
6- Las madres que se quejan en la puerta de la escuela de todo lo que pasa tras las rejas de la misma y en la reunión de padres están totalmente de acuerdo con la maestra, la institución, los compañeros de sus hijos, el mundo en que vivimos y la política global... y cuando ponen un pié afuera arremeten de nuevo. A esas además las considero cobardes..
7- Las madres que creen que sus hijos/hijas son Messi y las tratan como Messi y se pelean con cuanto árbitro, docente, compañerito, institución vaya en contra del futuro "brillantemente planeado por ellas" o se interponga ante su hijo y la Ferrari... (en este sub grupo también hay muchos varones)

8- Las derivadas de las nº 3: las que se creen dueñas de: el edificio donde habitan, la cuadra en donde está su casa, el pasillo en el que viven, el club a donde van sus hijos...la tipología es tan habitual que la encontré hasta en la película Horton y el mundo de los quién: La cangura. La que cree que se lo sabe todo y da todas las indicaciones.
9- La que limpia, cocina, atiende los 5 pibes, hace las compras, cose, borda, hace los disfraces, practica deportes, duerme tres horas y coge 4 veces por semana (cosa que dudo), ahorra, sale sola con el marido y viste pantalón blanco impecable y tiene críos de menos de 5 años...una sonrisa en los labios. Y además comenta que es nada más que "organizarse un poco".

10- La que te muestra los viajes all inclusive por todo el mundo, con amigas, con el marido, con lo suegros, con el perro. Sus hijos conocen Disney porque van a Miami todos los años y ya los aburre y a la hora de cobrarle te dice. ¿20 pesos? ¿no será mucho?
11- La que te explica como sus hijos solicitaron solos sacarse el pañal a los 8 meses, se entretienen 3 horas jugando o dibujando solitos. No ven TV (una primera etapa de la nº 4) siempre le dicen: "si mami", y te habla de la importancia del diálogo y la comunicación, en post de la excelencia de la educación, mientras el nene va insultando pateando TUS cosas y comiéndose los mocos.
12- Las técnicas ecógrafas. Esas que desde el momento en que se enteraron del embarazo te dicen que la "ecografía se ve re clarita" y empiezan a pasártela y son imparables...luego todo el video del parto, las fotos del pibe en 3000 posiciones cuasi idénticas...ni les digo las del viaje a Europa: te hacen ver las 5000 fotos explicadas.
13- La viva. Es la que te pide que "ya que vas a librería le compres los 4 mapas a SU hijo". Empiezan con el: "vos ya que podés" y "ya que estás" le llevés su hijos al cumple escolar en el otro pueblo y después ella lo pasa a buscar A LA NOCHE por tu casa. A estas hay que explicarles que las mamás hacemos "rondas" no "sogas" porque sino las ahorcaríamos.
14- Las que te invitan a la fiesta que hacen con 300 invitados, en un salón con 6 payasos, 2 comedias musicales, 4 cambios de vestuario y el grupo La Mosca en vivo y es el festejo de la comunión del nene (que además toma la comunión con el tuyo y a tu casa van los parientes a darles un beso y tomar el té) y tu hijo no puede faltar a SU fiesta de comunión y te generan un bolonqui familiar.
15- Las que les IMPONEN a un hijo un ídolo (no el ídolo elegido por el hijo) y lo visten, peinan y le compran (el disfraz, el álbum, el sacapuntas, la mochila, la escarapela, los zapatos, las curitas, las sábanas, el pijama, el buzo, el CD, etc, dejando su casa parecida la de la productora del ídolo) pero a la hora de llevarlo a ver el espectáculo te dicen que no los llevan porque "no apoyan o comparte ese ídolo efímero y vacío. Traducción al español: no querés gastarte menos del doble de lo que te costó todo lo anterior en una platea (porque una popular ni loca porque "el nene" no ve") Además te enteraste que la nena/nene paga.
16- Es especial para madres de mellizos, trillizos, etc. La que te dice: yo los tuve tan seguiditos que es como si fueran mellizos. ¿Los diferencias?, ¿Cuál es el bueno/malo? ¿Comen los dos? y toda esa manga de bolufrases que conocemos.
17- Las amigas de todo el mundo: si hubo un accidente en el piso 2 ellas son amigas de la hermana de la prima y saben exactamente que pasó. Si renunció la directora del club Pituto de patín, ella es hermana de la cuñada de la que va a ser la nueva directora. Saben de antemano cosas innecesarias de saber previamente: el libro que van a usar en 7mo, cuando tus hijos están en 4to.
Son hijas de la hermana de la prima de todo lo que sucede de actualidad (trágico es mejor, su fuente suena más a placas rojas de Crónica TV)
18- Las que citan a sus madres como fuente....y tienen 46 años: mi mamá me dijo, mi mamá me dice, mi mamá opina, mi mamá...
19- Las previsoras: en octubre tienen los certificados médicos para el año entrante, ya preparados los uniformes, saben donde van a ir de vacaciones de invierno y tiene hecha la reserva.
Hay un subgrupo que son las que "saben que en febrero se embarazan, será una nena le pondrán Rosalinda y la madrina será Lilian y Laurencio y los bautizará el padre Pedro el sábado 15 a las 16 hs) y yo no sé que voy a hacer de cenar esta noche.
20- Las que creen todo lo que ven por TV sin cuestionarse nada, lineal, lineal y te lo repiten como loros...por ende los Beatles deben vivir porque yo los ví en un especial la semana pasada.
21- Las que no tienen hijos y te explican como criar a los 3 tuyos y lo que hay que hacer y lo que no. Ellas no tienen porque no quieren, pero la teoría de ellas es perfecta (te los dejo una semana y después hablamos)..